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Cover image by Kai Schreiber / UCO /
 Un grupo de químicos de la Universidad de Córdoba, (UCO), liderado por Diego Luna, catedrático de la misma, ha generado un proceso que permite aprovechar la glicerina resultante de la producción del biodiésel, mediante el uso de un catalizador de fosfato de aluminio.
El biodiésel es una alternativa más limpia a los combustibles fósiles, pero por cada tonelada de biodiesel, se producen 100 kg de glicerina, un residuo inservible por su alto contenido en impurezas y que hasta ahora no ha tenido demasiados usos.
Purificarla es muy costoso para la inmensa mayoría de las empresas que trabajan con ella. ¿Soluciones? Una de ellas la aporta el trabajo realizado por el grupo FQM-162 del departamento de Química Orgánica. Dicho estudio ha sido publicado en la revista científica Applied Catalysis B: Environmental, y propone un innovador método para reutilizar este subproducto.
El principal autor de la investigación, el doctor Rafael Estévez Brito, explica que "se aprovecha la glicerina y además se le aporta al biodiésel propiedades que antes no tenía”, mejorando su calidad y rendimiento.
El nuevo mecanismo se basa en la llamada reacción de eterificación, un proceso en el que dos moléculas de tebutanol y glicerina quedan unidas por un oxígeno tras perder una molécula de agua. Y para conseguirlo, han empleado un catalizador de fosfato de aluminio. La catálisis consiste en emplear una sustancia que acelera la reacción química sin participar en ella. En este caso, al fosfato de aluminio se le ha añadido precursores de silicio, denominados organosilanos, para que la reacción química se desarrolle de forma óptima. Además, el uso de microondas como medio de calefacción, permite que los catalizadores se sigan comportando de forma estable, acortando muchísimo el proceso.
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