Embalaje biodegradable desarrollado por ecovativedesign.com
Según datos de Eurostat, cada año el conjunto de hogares en España produce unos 21 millones de toneladas de desperdicios, (a nivel mundial la cifra sube a los 1.300 millones). Y entre el 5 y el 8 % de estos residuos son alimentos "nuevos", es decir, que se caducan sin haberlos sacado de su propio envase. Existe la teoría de que en el año 2050, el planeta podría colapsar si no se toman medidas pronto.

Graham Alabaster, responsable de UNHABITAT, (órgano de Organización Mundial de la Salud) asegura que "existe un escaso interés en fabricar productos que duren y un gran aumento del empaquetado". La solución, según José Vicente López Álvarez, director de la cátedra de Medio Ambiente de la UPM, pasa por la innovación, la sostenibilidad ambiental y concienciación. Y desde IHOBE,  sociedad pública de gestión ambiental en el País Vasco, sostienen que debería emularse a la naturaleza, produciendo residuos comestibles.

Y no son los únicos, pues parece que son muchos los organismos a nivel mundial que tratan de buscar una solución al problema de los envases. Por ejemplo, el Departamento de Agricultura de EEUU, ha desarrollado un material a partir de la proteína de la leche que puede usarse para recubrir las cajas de pizza, envolver queso o crear paquetes de sopa solubles, que solo necesiten ser metidos en agua caliente. Y empresas como Nestlé Waters y Danone ya se han interesado en la idea de fabricar productos biodegradables.

Ecovative, una compañía de diseño ubicada en Nueva York, ha desarrollado un material hecho con hongos, que ya usan desde hace años en algunas empresas de alimentación. Aseguran que este material se puede desmenuzar y usarlo para abonar la tierra. Por su parte, la Unión Europea cree que el mercado mundial para los llamados bioplásticos está creciendo un 30% al año. 

Sin embargo, también hay algunos detractores de esta idea. La susceptibilidad a la humedad de estos productos, el hecho de usar alimentos para fabricar envases que podrían emplearse en alimentar a otra gente o el bajo impacto que, aseguran, tendrá esta idea ayudando al medioambiente, son solo algunos de los escollos a los que la investigación tendrá que hacer frente.

 

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