Universidade Trás-os-Montes-Alto-Douro
Portugal ha vivido este verano unos de los peores en lo que a incendios se refiere. Solo en 2016, se quemaron en el país más 160.000 hectáreas.

La Quercus, una sociedad ambientalista portuguesa, asegura que "la sequía extrema de la vegetación, además de las condiciones meteorológicas adversas, está aumentando el impacto de los incendios, destruyéndose la flora en millares de hectáreas, emitiendo humos, liberando dióxido de carbono y otros compuestos que aumentan el riesgo de contaminación de las aguas por las cenizas".  

Por su parte, la mayor y más antigua empresa de abastecimiento de agua en Portugal, EPAL, está tratando las aguas de aquellos terrenos donde se han sufrido los incendios, sin embargo, los ambientalistas sostienen que deben reducirse los riesgos repoblando el terreno con vegetación. Además de llevarse a cabo una "gestión activa" con el objetivo de conservar los recursos naturales.

La sequía extrema de la vegetación, junto con las condiciones meteorológicas adversas, aumento mucho el impacto que ya de por sí dejan los incendios. Destrucción de millares de hectáreas de bosque, emisiones de humo, liberación de dióxido de carbono, además del riesgo de contaminación de las aguas que pasan por los terrenos quemados, con la consiguiente muerte de muchos animales.

Otro problema añadido son las cada vez más numeras plantaciones de eucaliptos, una especie foránea, que puede contribuir a la rápida propagación de los incendios, ya que sus hojas y cáscaras incendiadas se proyectan a muchos kilómetros del foco de un incendio, como resultado de los vientos generados por el propio fuego. Así lo ha constatado un investigador del Laboratório de Fogos Florestais da Universidade de Trás-os-Montes e Alto Douro (UTAD).

 

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